viernes, 29 de julio de 2011

Titiricidio




2010120802301 por txindoki



Las marionetas actuaron de una manera tan natural, tan verosímil, que ninguno de los espectadores se extrañó al conocer  que la tragedia había tenido lugar horas antes del espectáculo. Sí llamó, sin embargo, su atención la sonrisa que estrenaba ese viejo fantoche que, últimamente, nunca aparecía.


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jueves, 21 de julio de 2011

Clasificado



Buscar... por sicoactiva


Príncipe desencantado busca princesa sin filias batrácicas para cuento de hadas, o lo que surja.
Abstenerse brujas malas.


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lunes, 18 de julio de 2011

La Primera Vez

 
"The Runner" por Thilemahos Efthimiadis



Su relación se había consolidado con el tiempo, y no apelaron a una especial madurez cuando tomaron la determinación de hacerlo. Estaban seguros de que aquella decisión no iba a afectarles; sólo era algo físico.
Durante semanas fueron conscientes de cual iba a ser el momento y el lugar. Todo estaba programado. Aún sabiendo restarle la importancia que no tenía, al fin y al cabo muchos a su edad lo habían hecho ya, se vieron obligados a dedicar una pequeña parte de sus vidas a estar preparados para aquel acontecimiento, para ellos único.
Cuando llegó el momento, no estaban especialmente nerviosos; se habían imaginado como iba a ser, tenían las escenas montadas en su cabeza. Se dedicaron una mirada de complicidad, de confianza en ellos y entre ellos; se dijeron sin palabras que no importaba el final, aunque interiormente conocían la verdadera altura de sus expectativas.
Tras unos minutos dudosos, hasta que se aclimataron en la faena, ambas caderas estuvieron perfectamente bien acompasadas, no sólo entre ambas, también con el jadear profundo, con la tensión de los músculos en sus caras y en sus muslos, incluso con el frufrú de la tela. El sudor perlaba  generosamente ambos cuerpos cuando la satisfacción de ver llegar al primero de los dos animó a su pareja hasta acabar, unos pocos segundos después.
Exhaustos, incapaces de articular palabra, se abrazaron felices y realizados, apoyándose el uno en el otro. Era su primera vez juntos y ambos habían cruzado la meta; en la siguiente carrera, tal vez, harían el mismo crono.


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miércoles, 13 de julio de 2011

El Novio de la Muerte




Burlankaster por _Ganesha_

El finado, sacerdote de profesión y vocación, antepuso la ortodoxia del rito a las posibles consecuencias al provocar que su asesino, esquizofrénico, se diera por aludido cuando oyó aquello de “en la salud y el enfermedad”.


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lunes, 11 de julio de 2011

Menú Cerrado



"Tomo nota" por Berts @idar


Resulta, prácticamente para todo el mundo, imposible no haberlo probado nunca, pues es su distribución enorme e inusitadamente efectiva.

A estos puntos llega gente de todo tipo y condición. Unos en sus estupendísimos coches, otros en medios más modestos o incluso a pie. A veces, incluso, mesa y mantel se hallan en torno al propio desplazamiento.
Como suele acontecer con las cosas cotidianas, los más afortunados deben conformarse con catarlo en pequeñas y aisladas dosis mientras la gente corriente comulga con ello más frecuentemente. No se puede decir, no obstante, que el que no lo haya probado es porque no lo ha querido.

Cómo te dé la gana. Puedes dejar que se te llene la boca con palabras tan grandilocuentes como derechos, responsabilidad, humanidad o respeto. Puedes mostrar tu indignación de forma más o menos vehemente, olvidándote incluso de tus verdaderas desgracias, o de las de los demás; de las de aquellos que repiten día tras día. Puedes mostrar tu educación mediante palabras precisas, si es que las encuentras, e imprimirlas el tono adecuado para que signifiquen lo que en realidad deseas que signifiquen. Lo mejor, tal vez, sea darte el gustazo de perder la paciencia y la educación, y verte respaldado por una masa de comensales que te arrope y se atreva a armarse de migas de pan. Si es tu opción, puedes agachar la cabeza, o llevarte las manos a ella, o solicitar una ajena, o llorar, o gritar, o lo que se te ocurra. Se puede pedir de todas las maneras.

No te preocupes por el precio, todos los bolsillos se adaptan a él. En este punto no hay diferencias, clases ni categorías.

Tú llegas y con una sonrisa, esto sólo si tienes mala suerte, se te lee la carta. Todos los días, plato único, barra libre:
“Son Lentejas”.


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lunes, 4 de julio de 2011

Sabiduría Popular



"I coffe u" por M.Angel Herrero


Tal vez sea porque estás despeinada, o por la natural apariencia que te da esa camiseta vieja que usas de pijama, y que manchas al exprimir las naranjas. Es probable que no tenga nada que ver la imagen, reciente, de tus ojos cerrados y tu respiración tranquila mientras aún dormías, en lo que yo hacía café. No dudo de que tus movimientos, torpes hasta que termines de desperezarte, puedan añadir cierto encanto a la escena. Qué aún tengas, en la cara, marcados los pliegues de la almohada, y no seas capaz de abrir del todo los ojos es, posiblemente, la parte cómica del drama de tener que levantarse.

Sin quererlo, me has enseñado que el desayuno es la comida más importante del día.


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jueves, 30 de junio de 2011

Preso de Amor



"touch..." por Eternal Sunshine


Ninguno de los dos se había parado a pensarlo con detenimiento.
Él se sentía incómodo, torpe; decidió que no tenía por qué ocultárselo, así que se lo dijo, como confesándose, aunque ella ya lo había deducido sin ninguna dificultad. Sin explicarse por qué, la situación le resultaba novedosa y todas las perspectivas de éxito que le acompañaban minutos atrás se habían evaporado por completo. Era obvio que nada iba a funcionar, ya se lo había comentado a su propia imagen en el espejo del baño.
Aún sin ganas, derrotado, se lío la manta a la cabeza y trató de vencer su miedo recién estrenado demostrándose a sí mismo que podía, sin más.
Desde el principio los besos resultaban vacíos, y así se los devolvió: si era lo que ella buscaba, sería lo que ella tendría; eso no le preocupó especialmente porque podría automatizar ese estúpido movimiento de lengua, sólo lo repetiría mecánicamente, una y otra vez.
Pronto se daría cuenta del error que cometía restando importancia a sus propios deseos.
Las caricias fueron lo primero en sacarle de quicio. Él buscaba un contacto cálido y sensual, pero por mucho que ella se esforzara en ocultarlo no pudo evitar reaccionar ante las cosquillas. El empleo sobre la cara interior de sus muslos no fue más productivo. Había perdido el contacto con todo lo que le resultaba atractivo de ella y, avergonzado, le incitó a girarse para no verle la cara.
Ya no tenía más cartas que mostrar, y cuando apartó el pelo de su cuello halló un último recurso. Al levantarle la camiseta quedó ante su espalda desnuda; hubiera preferido disfrutar de esa visión, pero se sentía presionado. Recordó su frustrado intento con las caricias, así que utilizó sus manos para cogerla con seguridad mientras recorría su costado, ahora con besos, ahora con leves mordiscos. En su recorrido descendiente sólo percibió que a ella se le ponía la carne de gallina; no buscaba provocar un escalofrío y al llegar a su trasero se vio al borde de un precipicio de ridículo absoluto. Así que lo pensó un segundo y, mientras apretaba las mandíbulas con el cuidado justo para no hacerla daño, concluyó que sólo se daba de margen hasta volver al cuello. No pudo evitar desandar el camino con más rapidez que a la ida. Cuando se quedase a solas lamentaría no ser capaz de recordar el olor de su piel desnuda. Sólo iba a recordar frío.
Aún no había sentido la paletilla contra su nariz cuando escuchó, al fin, una respiración entrecortada que podría ser parte de lo que estaba buscando. Su ausencia de fe era tal, que tuvo que asegurarse de que su imaginación no le estaba causando una falsa impresión: deslizó una mano con pavor, prefiriendo provocar dolor antes que al más mínimo atisbo de risa, en busca de una prueba de lubricidad. Ante el resultado positivo quedó francamente aliviado.
Ella asumió entonces como suya la responsabilidad de tomar la iniciativa, y él trató de dejarse llevar, fingiendo la reacción que supuso ella esperaba, echando de menos el contenido de un beso apasionado, insensible más allá de actos reflejos, pretendiendo comportarse como un hombre.
Recordó las malditas cosquillas, recordó que no lo deseaba (no así), que no tenía nada que ocultarle, y antes de darse cuenta estaba de nuevo al borde del precipicio; pero ahora arriesgaba en contra de sus posibilidades y decidió retirar la apuesta.
Ella también pareció aliviada de una carga que no le correspondía.
Tras pocas explicaciones, innecesarias para ambos, se quedaron hablando como un par de amigos. Se hallaron a gusto compartiendo sábana, y dejaron de lado su literal desnudez para dar paso a otra más íntima. Inconscientemente, él la acariciaba sólo cuando era su turno al hablar, pero al escuchar no hacía ninguna otra cosa salvo prestarle toda su atención. Ella no se dio cuenta de cosas como esta, pero disfrutó de cómo él le hacía sentirse, y no puso objeción a dejarse descubrir.
Después de todo, encontrarse cómodos el uno al lado del otro era tan fácil como dejarse encontrar, y la cama no daba muchas posibilidades de esconderse.
Se despidieron sin mucha convicción, torpes de nuevo y por última vez.
“Una espera otra cosa del bis a bis con un violador”- pensó ella mientras el funcionario de prisiones le extendía un formulario. Si iban a preguntarle por su nivel de satisfacción, tenía clara la respuesta.


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