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"Tomo nota" por Berts @idar |
Resulta, prácticamente para todo el mundo, imposible no haberlo probado nunca, pues es su distribución enorme e inusitadamente efectiva.
A estos puntos llega gente de todo tipo y condición. Unos en sus estupendísimos coches, otros en medios más modestos o incluso a pie. A veces, incluso, mesa y mantel se hallan en torno al propio desplazamiento.
Como suele acontecer con las cosas cotidianas, los más afortunados deben conformarse con catarlo en pequeñas y aisladas dosis mientras la gente corriente comulga con ello más frecuentemente. No se puede decir, no obstante, que el que no lo haya probado es porque no lo ha querido.
Cómo te dé la gana. Puedes dejar que se te llene la boca con palabras tan grandilocuentes como derechos, responsabilidad, humanidad o respeto. Puedes mostrar tu indignación de forma más o menos vehemente, olvidándote incluso de tus verdaderas desgracias, o de las de los demás; de las de aquellos que repiten día tras día. Puedes mostrar tu educación mediante palabras precisas, si es que las encuentras, e imprimirlas el tono adecuado para que signifiquen lo que en realidad deseas que signifiquen. Lo mejor, tal vez, sea darte el gustazo de perder la paciencia y la educación, y verte respaldado por una masa de comensales que te arrope y se atreva a armarse de migas de pan. Si es tu opción, puedes agachar la cabeza, o llevarte las manos a ella, o solicitar una ajena, o llorar, o gritar, o lo que se te ocurra. Se puede pedir de todas las maneras.
No te preocupes por el precio, todos los bolsillos se adaptan a él. En este punto no hay diferencias, clases ni categorías.
Tú llegas y con una sonrisa, esto sólo si tienes mala suerte, se te lee la carta. Todos los días, plato único, barra libre:
“Son Lentejas”.